Infancia y Primera Juventud
Su historia comenzó un 7 de mayo de 1919, en Los Toldos, cuando Juana Ibarguren dio a luz. La precedían cuatro hermanos: Elisa, Blanca, Juan y Herminda.
Su padre, Juan Duarte, había llegado allí a comienzos de siglo y arrendado el campo de La Unión con ánimo de prosperar. Sabida era la bondad de las tierras de la zona para la agricultura y la ganadería. Pertenecía a una influyente familia de Chivilcoy y allí tenía, de su unión con Adela D’Huart, varios hijos. Hombre próspero y de prestigio entre los conservadores del momento, patrón de estancia, típico puntero en las lides políticas del momento, fue nombrado suplente del juez de paz en 1908. Pero en 1919 ya no eran tiempos conservadores. Tras largos años de lucha de características revolucionarias primero y abstencionistas despúes, asegurado el proceso electoral por la Ley Saenz Peña tras años de fraude electoral, el radicalismo concurre a las urnas y se alza con el poder.
Desmontada por el Dr. Yrigoyen la maquinaria que impedía en las provincias la libre expresión, cae el bastión conservador de la provincia de Buenos Aires. El Intendente Malcom, amigo personal de Juan Duarte, es reemplazado por el radical José A. Vega Muñoz.
La estrella de Juan Duarte comenzó a decaer y las dificultades económicas a hacerse presente. El ofrecimiento de administrar campos en la localidad vecina de Quiroga hizo que se trasladaran allí, donde sólo permanecerían un año. Erminda cursó su primer grado en la escuela N 1. No eran aún tiempos de guardapolvo para Eva.
Como Quiroga no ofreciera las posibilidades esperadas, regresaron a Los Toldos. Mientras los hermanos mayores conocieron los tiempos de bonanza económica del padre, los menores supieron de tiempos de apremios. La situación se agravó con la muerte de Duarte, que falleciera el 8 de enero de 1926 como consecuencia de un accidente automovilístico en Chivilcoy.
El velatorio de Juan Duarte ha sido escenificado y tratado literariamente en un sinnúmero de oportunidades, haciendosé hincapié en el rechazo de que fuera objeto la familia de Eva en ocasión. Sobre el particular, sus hermanas Blanca y Erminda testimonian haber sido avisadas de la muerte de su padre por sus medios hermanos de Chivilcoy, huérfanos ya de madre, y niegan las versiones de escándolo y aprobio que se han difundido.
Apartir de entonces, el problema de la subsistencia, recordaría Erminda Duarte en su libro “Mi Hermana Evita”, “se convirtió en una lucha que día a día tomaba nuevas formas”. Doña Juana pasaba horas sentada a su máquina de coser, sin queja, sin hacer caso de las indicaciones médicas que le aconsejaban reposo para sus piernas lllagadas: “No tengo tiempo. Si descanso, ¿cómo trabajo, cómo vivimos?”. Elisa se empleó en el correo y Juan comenzó a trabajar en un almacén. Blanca cursará en Los Toldos primero y segundo grado.
El tiempo de ocio y juego transcurría trepando árboles, escudriñando la naturaleza, envuelta en disfraces caseros que la convertían en todo aquello que su imaginación le sugiriera, criando gusanos de seda: transcurria con pocos juguetes comprados.
Su hermna Erminda era su infatigable compañera de aventuras y su hermano Juan era, según la ocación lo requiera, constructor de barriletes, luthier de pianos de cartón, asistente en el montaje de un circo o arquitecto de casitas de madera, a medida para las niñas, en el fondo de la casa. Blanca y Elisa alimentaban la fantacia infantil con el relato de los cuentos a la hora de dormir.
Cuando llegó el año 30 Juana decidió partir con su “tribu”como gustaba llamar a su familia, buscando mejores posibilidades en la cercana posibilidades en la cercana ciudad de Junín, a donde Elisa había sido trasladada. Blanca comenzaría a trabajar poco despúes como maestra en el colegio del Sagrado Corazón y Juan se emplearía en la farmacia del pueblo.
Erminda comenzaba a cursar en el Colegio Nacional y Eva fue inscripta en la Escuela N 1, Catalina Larralt de Estrugamou, en 3 grado.
En Junín, a la hora del almuerzo, se sentaban a su mesa tres personas que por esos tiempos prefirieron su comida casera a otras posibilidades que ofrecia el pueblo, y que terminarían formando parte de la familia: el Mayor Alfredo Arrieta, jefe del distrito militar, don José Álvarez Rodriguez. El primero se casaría con su hija Elisa y el último con Blanca.
Los juegos teatrales de los años toldenses empezaron en Junín a tomar formas más reales. Eva comenzó a destacarse por su aficción a declamar poesías. En su autobiografía, “La Razón de mi vida”dirá que “siendo una chiquilla, siempre deseaba declamar. Era como si quisiese decir siempre algo a los demás, algo grande, que yo sentía en lo más hondo de mi corazón.
La Comisión del Centro de Cultura y de Arte del Colegio Nacional, a la que pertenecia Erminda, organizaba representaciones teatrales. Evita, a pesar de no ser alumna del colegio, se integró al grupo y tomó parte en una obra titulada Ärriba Estudiantes”. También en Junín escuchó por primera vez su voz saliendo de los autoparlantes instalados en la Casa de Música de Primo Arini. Una vez por semana, los jóvenes aficionados del pueblo tomaban el micrófono y exponían sus dotes artísticas: cantaban, decían monólogos, declamaban.
Aquello que Eva misma llamaría su “extraña y profunda vocación artística”crecia al amparo del cine del pueblo, de las audiciones radiales y de las colecciones de fotos de artistas.
A su amparo debió también de plantearse la primera elección: ¿Ser una chica pueblerina y “casadera”como tantas otras en Junín?, ¿ser maestra, como Blanca?, ¿Emplearse, como Elisa?
Corría 1935 cuando Eva tenía en claro la respuesta: Ser Actriz. A la vocación se sumaban las características de personalidad. Ella misma diría en “La Razón de mi Vida”: “Como los pájaros, siempre me gustó el aire libre del bosque. Ni siquiera he podido tolerar esa cierta escla-vitud que es la vida en la casa paterna, o la vida en el pueblo natal...Muy temprano en mi vida dejé mi hogar y mi pueblo, y desde entonces siempre he sido libre. He querido vivir por mi cuenta y he vivido por mi cuenta”.
La circunstancia de la partida de Eva de Junín ha dado letra a un sinnúmero de versiones. La que quedó instalada con mayor fureza involucra al cantante de tangos Agustín Magaldi, apodado el Gardel del interior.
Según sea el caso, se lo preesnta intercidiendo ante la madre, a pedido de Eva, para que le permitiera ir a vivir a Buenos Aires, o bien limitándose a facilitarle algunas cartas de recomendación que le abrieran las puertas del mundo artístico, o bien viajando él mismo con ella.
Desmintiendo tales hechos, su hermana Erminda recuerda la situación de conflicto familiar planteada ante la férrea decisión de Eva de partir a la Capital y la no menos férrea de doña Juana de disuadirla, a la vez que pondera la influencia que ejerciera José Alvarez Rodríguez al aconsejar a la madre no torcer la vocación de los hijos: “Tanto insistío el rector que mamá, a regañadientes, te llevó a Buenos Aires”. Volvió sola, furiosa con todo el mundo”, después de dejarla en casa de los Bustamante, amigos de la familia.
Quedaba definitivamente atrás a la niña de Los Toldos y de Junín. Junto a los pocos objetos personales acomodados en la valija y que con el tiempo serían desechados, Eva llevaba consigo el rumor permanente del de una máquina de coser New Home, los juguetes deseados y que no pudo tener, el impacto del descubrimiento de que en el mundo había pobres y había ricos, su sentimiento de indignación frente a la injusticia. De ninguno de ellos se deshará...
Fuentes
Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón
Fundación de Investigaciones Históricas Evita Perón